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Hna. Obdulia Riveros, MSSpS

(Recuerdos de la Hna. Obdulia, María Salomé Riveros Franco, MSSpS)

Nací en un hogar cristiano formado por Dionisio Riveros y Sinforiana Franco, el 22 de octubre del año 1924, en San Miguel Curuzú, Encarnación. Mi familia era profundamente creyente, y mil gratos recuerdos de mi infancia constituyen un frondoso contenido de hechos, anécdotas y travesuras inolvidables. Fuimos ocho hermanos: cuatro mujeres y cuatro varones. En la escala de los nacimientos soy la quinta.

Tuvimos una infancia muy feliz. Mi casa era como un oasis para los pocos sacerdotes Verbitas que salieron del Monday, y fueron ubicados en Encarnación o Posadas, Misiones. Uno de ellos, el P. Ricardo Mütsch, me permitió recibir la Santa Comunión a los seis años. A la pregunta de papá, me interrogó el sacerdote: ¿sabes a Quién vas a recibir?. Ante mi respuesta correcta, dijo: ella lo sabe bien, aprobado.

Una vez concluida la Primaria en Encarnación, estudié Corte y Confección. Como siempre me gustaba vestir correctamente, papá me dio el gusto, lo cual me ayudó en gran manera a prestar servicios, tanto en casa como en la Congregación, por mucho tiempo.

El Llamado. En el retiro espiritual como Hija de María, en la Catedral de Encarnación, los días 29 al 31 de diciembre de 1940, recibí del Señor el llamado a la Vida Religiosa y Misionera, de un modo irresistible y urgente a la vez. Tenía entonces dieciséis años de edad. Al confiarlo a mi padre, él simplemente me respondió: si el Señor te llama, no seré yo quien se oponga a ello; trátalo con tu mamá. Ella estuvo delicada de salud en ese entonces y una de mis hermanas acababa de ingresar en el Convento; la menor de todas con apenas siete años, no podría correr con todos los menesteres de la casa: lavado, cocina, animales, limpieza y atención a los escolares. No obstante, tras muchos cabildeos, aceptó acompañarme a sacar el permiso para viajar.

Superado este escollo, al anochecer del cinco de enero de 1941, pasé a Posadas, R.A. junto con dos SSPS, que regresaban de Carmen del Paraná. Amanecí en el Colegio Santa María de Posadas, Misiones R.A , el día de los Santos Reyes, con una tremenda expectativa y singular emoción. Allí permanecí hasta llenar los requisitos del ingreso en cuanto a documentos, ropas y otros enseres. El diecisiete, junto con un grupo considerable de jóvenes, me largué a Rafael Calzada. Así comencé mi peregrinaje como futura misionera, en el Convento de la Ssma. Trinidad. Al contar apenas dieciséis años, tuve que esperar dos años más para ser admitida en el Aspirantado, y de allí, continuar la preparación remota y próxima a mi consagración  definitiva al Señor de la Mies, con los Votos Perpetuos, el dos de febrero de 1952.

Y después…, en la docencia y en la pastoral. El primer destino, Colegio San Blas, de Obligado, una Institución educativa católica, pero sin fronteras. Un 80% de pobladores protestantes y de otras creencias, alemanes por lo general, y de nativos, constituían la procedencia del alumnado, además de numerosos jóvenes de cualquier parte del país. Quince años de trabajo, abarcando finalidades de cultura, religión, arte y buenas costumbres, además de estudios universitarios, fueron la constante de este período. De allí al Colegio San Albero Magno, de Puerto Rico, Mnes. R.A. durante nueve años, como Coordinadora de la Comunidad y Directora del Instituto Educativo.

De nuevo… San Blas. Otros quince años de incansable tarea, con la bendición de Dios y el apoyo de cuantos conocían y experimentaban ya los efectos del progreso, como fruto de esa casa de Estudios. En julio de 1992, me retiré del Colegio San Blas, obtuve mi Jubilación, y proseguí mi vida con otras responsabilidades, en distintos lugares asignados.  Estuve en  Juan L. Mallorquín, La Paz, San Lorenzo, y por de pronto, estoy en Asunción con las fuerzas ya bastante disminuidas, con mis noventa y tres años cumplidos.

Tengo bien presente mis limitaciones, y mi aporte a la Iglesia y a la Congregación son muy escasas. No obstante, agradezco infinitamente al Señor por cuanto significó para mí ese llamado gratuito para trabajar en su Mies durante tantos años.

La vida religiosa misionera vale la pena e invito a las jóvenes a dejarse llevar por el sueño de Dios en sus vidas para que puedan responder de lo mejor manera a su llamada.

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