Mariblanca Indigenista Testimonio

Hna. Mariblanca Barón, MSSpS

Mi historia.

Mi nombre de Bautismo es Beatris Irene Barón, soy la tercera en la familia. Somos 8 hermanas.

Nací en Campo Grande, Provincia de Misiones, Argentina, el 19 de agosto de 1942.  Soy de una familia profundamente cristiana y desde pequeña me apoyaron en mi deseo de ser religiosa. A mi casa llegaba la revista “El joven Misionero”, la vida del P. Arnoldo Jansen y de las Madres María y Josefa. Mi sueño era ir como misionera al África. Cuando terminé el 6º Grado, mi papá me llevó al Col. Santa María de Posadas. Allí hice el aspirantado, la candidatura y el postulantado. Durante el postulantado, a mediados de año,  hicimos la mudanza a Villa Lanús, nuestro nuevo convento, donde seguí mi formación como novicia y profesa de primer año.

Mi primer destino misional fue al hogar Santa Teresita por un año, de allí pasé al Col. La Inmaculada de Apóstoles para terminar el bachillerato y la formación docente. Como docente, trabajé en el Col. San Alberto Magno de Puerto Rico (Mnes)  y el Col. Espíritu Santo de L.N. Alem. En enero de 1972  recibí mi destino a Paraguay, al Col Espíritu Santo de J.L. Mallorquín. Como en el país de los ciegos el cojo es rey, me pidieron dar horas casi en todas las materias del básico y el bachillerato.

A los cinco años de prestar mi servicio, principalmente en la evangelización de los jóvenes y organizando campamentos durante el verano, pedí para trabajar con los indígenas, pues durante los campamentos vi cómo iban perdiendo sus tierras los Ava Guaraní.

Hasta mediados del primer año (1977) me quedaba en diferentes comunidades indígenas con mi mochila al hombro, hasta que se enfermó el encargado de la Misión de Arroyo Guasu. Fue allí que el P. Nicolás da Cunha me pidió que asumiera la misión. Al año siguiente la Hna. Angelmara Martínez se sumó a la rebeldía.

Esto fue muy difícil, pues la Dirección Provincial gastaba en viajes para persuadirnos, a mí y a la Hna. Angelmara para que volvamos. Nosotras optamos por quedar. Al fin nos dieron permiso. Otro tema de escándalo era que andábamos sin hábito.

El año 1978 se creó el Equipo Misionero Indigenista y allí nos entregaron el trabajo de los trámites de la tierra y la escolarización.

Nuestra tarea se iba extendiendo a diferentes comunidades, pues la presión sobre la tierra era aplastante. Las Escuelas que se iban abriendo (28) eran aliadas de la lucha para que no sean desalojados y que los indígenas ocupen y permanezcan en su territorio.

En cuanto a la escolarización, desde el comienzo vimos la necesidad de alfabetizar en lengua materna, de allí que surgieron los libros de lectura, los manualas para los maestros y el primer diccionario con la colección de “Ayvu Tee” (La verdadera palabra).

Durante unos 15 años vivíamos en Arroyo Guasu, pero por varias circunstancias nos mudamos a Nueva Esperanza, Dpto. Canindeyu. Desde aquí seguimos acompañado al pueblo Ava Guarani, sobre todo en la lucha por la tierra y una agricultura sustentable.

Invito a  todas las jóvenes que se animen a seguir a Cristo sin mirar atrás cuando ponen la mano en el arado. Si queremos una Provincia “en salida” como dice el Papa Francisco, los cambios se tienen que hacer desde adentro. Tenemos que hacerlo nosotras.

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