Historia vocacional y misionera

josefina

Soy la Hna. Josefina Yamada, Cecilia Kumoe Yamada

Nací el 23 de enero de 1935 en Japón, dentro de una familia migrante de Corea, de entre los 6 hermanos soy la tercera.

En donde vivíamos nosotros éramos la única familia cristiana y mis padres nos educaron en la fe  cristiana.

La relación sociocultural entre Japón y Corea no era muy agradable, la discriminación era muy marcada y ninguno de los 6 hermanos nacidos en Japón pudimos nacionalizarnos que complicó aún más nuestra vida como familia migrante.

Mi mamá me decía que: “únicamente en el cielo y en la iglesia católica no existía discriminación… ofrece todo”.

Con estas experiencias sentía ese deseo de que no haya nadie que sufra como nosotros, quería acompañar y ayudar a quienes sufrían.

Cada domingo íbamos al convento de los Sacerdotes del Verbo Divino y allí conocí a unas hermanas, y eran las Siervas del Espíritu Santo que trabajaban en la cocina y me hacían recordar mi deseo.

Cuando tenía 11 años, después de la segunda Guerra Mundial, mi papá ya había fallecido, mi mamá quedo muy enferma y necesitaba de continua atención y abandoné mis estudios básicos. Por la pobreza que enfrentábamos, mis dos hermanos mayores tenían que salir de casa y así fue que quedé a cuidar de mi mamá y mis tres hermanos menores.

Cuando tenía 14 años se ordenó un sacerdote SVD, primer japonés; durante la misa sentí un fuerte deseo de ser religiosa SSpS y empecé a rezar por esta inquietud. Guardé en mi interior este deseo y he vivido con él en todos los trabajos y quehaceres de casa y mi trabajo en una fábrica de tazas, como una forma de poder responder al llamado de mi interior.

A pesar de todas estas situaciones mi deseo de tomar el camino del servicio por el Reino se iba haciendo cada vez más firme y sentía que las dificultades y pruebas las podría sobrellevar con ese deseo; mi madre se iba recuperando milagrosamente y me dio mucha esperanza.

A los 19 años fui junto a las hermanas SSpS en Kanazawa para estudiar Enfermería Auxiliar y tener así un estudio para ingresar a la congregación. Caí enferma de la columna a los 10 meses y permanecí en reposo durante casi tres años.

Milagrosamente recuperé y mi deseo no ha cambiado, sino, se ha fortalecido más. ¡Esperé 10 años para ingresar a la congregación!

Luego, con el paso de los años, y en 1966, un 6 de enero, emití mis primeros votos y en el mismo año el 30 de octubre recibí destino misional para Paraguay, y viajé con la hna. Chita en barco rumbo a Buenos Aires, para atender a los migrantes japoneses.

El 17 de mayo de 1967 fui destinada para la apertura de una nueva comunidad en Juan León Mallorquín, Alto Paraná. De ahí fui a Yguazu donde viví entre migrantes japoneses por 12 años, enseñando en el jardín de infantes, escuela que inicié con la colaboración de los japoneses. Entre ellos me he sentido en familia. Han llegado a bautizarse 270 personas en ese tiempo.

Por mi salud y repetidas cirugías no podía continuar en ese lugar de misión, en Yguazú. Después de 23 años esta misión ha quedado a cargo de nuevos misioneros de otras congregaciones.

Actualmente estoy apoyando en la parte de archivos de la Dirección Provincial, en Asunción, y desde la comunidad continúo con la atención a los enfermos, niños y adultos y personas necesitadas. Hace 5 años he iniciado con los mensajes bíblicos a través del celular. Agradezco al Señor que me sigue impulsando y dando fuerza para compartir su palabra y llegar a mucha gente.

Me siento muy feliz en mi vivir como religiosa y paraguaya. Hoy en día es muy distinto a todo lo que viví en otras épocas, por eso, digo a las jóvenes que sienten la inquietud hacia la vida religiosa misionera, que tengan la osadía de arriesgarse por la vida misionera porque preciosa es la vida entregada por la misión.

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