“En verdad les digo que, cuando lo hicieron con algunos de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”. Mt 25,40

El Bañado Sur de Asunción, situado a la orilla del río Paraguay y al pie de un basural, viven miles de personas al límite y en la extrema pobreza en casas humildes comunicadas con calles escabrosas sin asfaltar en una zona donde la escasez, la delincuencia, la drogadicción y las familias desestructuradas forman parte de la realidad cotidiana. Sin embargo, la otra cara de la moneda nos muestra que a pesar de estas realidades, hay esperanza y la voluntad de salir adelante, de crear redes de solidaridad.

Así nos demuestra en sus propias palabras, la Hna. Francisca Báez, quien semana tras semana, visita a la gente del Bañado Sur.

«Muchas son las necesidades que reclaman nuestra presencia misionera entre una multitud de personas que viven a la orilla del Río Paraguay, lugar de frecuentes inundaciones.

Los días lunes desde la mañana hasta la tardecita me instalo en ese lugar para asistir a algunos ancianos y ancianas, sobre todo enfermos, la mayoría de ellos se sienten solos, porque los hijos o nietos que viven con ellos deben salir a trabajar en el vertedero de Cateura, lugar donde se depositan las basuras para el reciclado, o realizar otro empleo  para el sustento de la familia.

Dedico alrededor de una hora a cada casa, escucho a la gente, conversamos un rato y luego les leo un texto bíblico que llevo preparado para compartir. Hacemos la oración por la familia, seguidamente, ellos agregan sus intenciones. Cuando están otros miembros de la familia también participan con gusto. A los enfermos les llevo la Santa Comunión, y son muy agradecidos. Esta pequeña celebración semanal en las casas les conforta mucho y les motiva a sobrellevar sus situaciones de soledad y sufrimientos.

Esta experiencia para mí, es muy enriquecedora, aunque se trata de algo muy sencillo, es muy significativo. Siento que recibo más de lo que doy, porque ellos me transmiten su fe sencilla y su fortaleza en su lucha de cada día.

Es muy gratificante compartir con estas personas sencillas quienes aprecian mucho esos ratos de estar con ellos, sobre todo para escucharlos.

Al despedirme de ellos siempre me agradecen mucho y me dicen que me esperan el siguiente lunes.

Doy gracias a Dios por mi vocación Religiosa Misionera, que cobra sentido cuando comparto con mis hermanos más pobres y necesitados.»

 

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