El 14º Capitulo General nos invita a ampliar  el círculo en nuestro servicio misionero. para ello nos desafía en las direcciones capitulares que nos hablan de diversos círculos de comunión que hemos de ir ampliando. Estos son:

COMUNIÓN CON DIOS

Cultivamos la relación personal con Dios Uno y Trino, fuente y centro de nuestra vida y misión. Valoramos nuestro nombre, Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, que expresa e impulsa nuestra espiritualidad y carisma misionero.       

COMUNIÓN CON LOS MARGINADOS Y LOS EXCLUIDOS

Las necesidades de nuestro mundo son abrumadoras y en constante cambio. Nuestro carisma nos llama a servir a aquellos que más necesitan de la Buena Nueva del amor inclusivo de Dios. Sus historias se convierten en nuestras historias y nuestra historia no puede contarse sin la de ellos. Nos comprometemos a un discernimiento permanente de nuestras prioridades con la mirada del Buen Samaritano: él supo cuándo detenerse en el camino para ayudar y, en el momento oportuno, confiar la persona herida al cuidado de otros. En nuestro contexto diverso y global, la pobreza, la exclusión y la privación asumen múltiples expresiones. Jesús responde a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” con una historia, no con una definición.

COMUNIÓN CON LA CREACIÓN

Hemos crecido en la comprensión de que toda la creación y la vida está interconectada y refleja el amor de Dios Uno y Trino. El Espíritu nos ha enseñado a ver que nuestra misión de compartir “vida en plenitud”, no abarca sólo a todas las personas, sino también a toda la creación. Somos conscientes de que la Madre Tierra ha sido violentada y privada de su dignidad. Si ella sufre, sufre la vida.

COMUNIÓN AL INTERNO DE NUESTRA CONGREGACIÓN

La humanidad expande su conciencia a horizontes globales.  A la vez, muchos pueblos encuentran dificultad para mantener su propia identidad cultural y su soberanía nacional. Nuestra interculturalidad, como SSpS, es una expresión de los muchos rostros del Espíritu. En nuestra vida comunitaria experimentamos, a la vez, las riquezas y los desafíos de la interculturalidad e intergeneracionalidad. 

Nuestra formación hoy, inicial y permanente, nos exige apertura a cambios de paradigmas en la expresión de nuestra vida consagrada, la vida comunitaria y los estilos de liderazgo. Las estructuras Congregacionales y los estilos de liderazgo deben facilitar la comunión y la participación. Experimentamos la importancia del discernimiento comunitario y el liderazgo participativo. Asimismo, colocar a los pobres en el centro de nuestras opciones, nos lleva a interpelarnos sobre el modo en que tomamos las decisiones, la forma en que llevamos a cabo nuestros apostolados y la manera en que disponemos de nuestros recursos humanos y financieros.

COMUNIÓN CON LOS DEMÁS

El movimiento hacia la globalización y planetización está modificando nuestros modelos de colaboración y comunicación. Animados por el mismo Espíritu, estamos llamadas a unir esfuerzos con los laicos en la misión y con quienes pertenecen a otras organizaciones, culturas y religiones. Nuestros esfuerzos por promover la comunión universal quedarían incompletos si no construimos puentes de amistad con las personas de otras creencias. Compartiendo nuestras historias descubrimos al Dios de muchos nombres y rostros.

Fuente y página para visitar: Equipo Panamericano de Animación Misionera