Vida en el NachtCafe y en el TAK

Vida en el NachtCafe y en el TAK

Desde Alemania, la Hna. Francisca Álvarez, nos hace parte de su experiencia como misionera…

«Caminante, camino se hace al andar…

He llegado a Alemania el año pasado, exactamente han pasado “15 floridos meses”. Sabía que venía a un lugar diferente a lo que es Paraguay – América Latina, que se me presentaría montón de cosas nuevas, comenzando con el idioma, clima, cultura, personas, comunidad, etc., pero así también sabía que de esta manera estaba acogiendo una parte de mi ser misionera que conlleva a la confianza y una respuesta libre a la voluntad de Dios y, por supuesto, estaba viniendo a una comunidad SSpS, o sea, a mi casa.

Desde el tiempo de acompañamiento vocacional me llamó la atención la palabra “VIDA”, que con el transcurrir del tiempo fue encarnándose más en mí, ahora ya no es solo una simple palabra… sino, el centro que le da sentido a mi existir; traigo a colación esta palabra, pues, como dije más arriba, yo “conocía” lo nuevo que me esperaba, pero nunca lo viví, y al experimentar en propia carne… una siente, lo vive…

En poco tiempo son muchas las experiencias vividas, gracias a Dios muy enriquecedoras. A continuación, les compartiré un poco sobre el “NachtCafe” y el “TAK”, dos proyectos pastorales de la Provincia SSpS de Alemania, también en cooperación con ONG.

El “NachtCafé” (ein Schutzraum fur akut un Not geratene Frauen) es un espacio que ofrecemos a mujeres que no tienen un lugar donde pasar la noche. En diciembre será el primer aniversario de apertura.

La llegada de la primera mujer al NachtCafé me llevó a contemplar y reflexionar el pesebre que acogió y dio calor a Jesús. “Jesús nació en un establo, varias puertas le han sido cerradas… hoy, ¿quién llama a la puerta de nuestra vida?”

En la fría noche del 6 de enero, justo a 6 meses de mi llegada a Alemania, hemos recibido a la primera mujer que ha tocado las puertas de nuestra comunidad SSpS.  Así como la estrella de Belén guió a los tres Reyes Magos hasta donde se encontraba el Niño Dios, también esta joven mujer fue guiada por unos policías hasta el NachtCafé, donde encontró un lugar seguro para pasar la noche, retomar fuerzas y continuar su trayecto al día siguiente.

Esta experiencia vivida, de abrir las puertas de nuestra casa a una persona que se encontraba asustada, preocupada, dolorida, estresada…  ¡llenan el corazón! Pero, a la vez, me surgen cuestionamientos acerca de nuestra realidad mundial; ¿por qué existen cada vez más personas en la calle, sin hogar y trabajo? ¿por qué hemos hecho del mundo – un mundo – lleno de personas egoístas e individualistas? personas preocupadas por sus propios intereses olvidando así que fuimos creados por un Dios de AMOR y UNIDAD.

El Niño Dios nació en un establo por no encontrar acogida en casa alguna, ahora Él sigue tocando puertas de nuestro ser y las de nuestras comunidades, esto me recuerda a las palabras del Papa Francisco dirigida a la Vida Consagrada, “Los consagrados están llamados a ser mujeres y hombres del encuentro”… quien vive este encuentro se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autoreferencialidad que nos hace encerrarnos en nosotros mismos.

Hoy, han pasado unos meses de la apertura del NachtCafé, van llegando muchas mujeres (la mayoría provenientes de otros países) buscando un refugio… la encuentran, pero más allá del “espacio físico y servicios básicos” ellas pueden encontrar y entrelazar nuevas amistades que son vitales para retomar el ánimo y enfrentar los grandes desafíos que se presentan a diario en esta gran ciudad. Me siento muy feliz por la posibilidad de formar parte, por lo menos, un pedacito en el trayecto de cada una de ellas.

Por otro lado, en el TAK (Treff am Kapellchen) un lugar de encuentro donde las personas pueden llegar y compartir la Vida. Cada semana se cuenta con diferentes programas que ayudan a que el encuentro sea dinámico e interesante. El TAK ha cumplido 12 de años de caminar junto a los que tienen la gran bendición de llegar hasta este lugar, tal es así que pude percibir que, en el transcurso de los años se ha formado una comunidad donde cada persona encuentra su lugar, sintiéndose así en familia, lo bonito que con la autenticidad de cada una-uno realmente uno puede apreciar y agradecer lo valioso que hay en cada persona.

Como religiosa joven me alegra y anima que nuestra Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo, ante toda esta realidad abrumadora que tiende a oscurecer el sentido y valor de la VIDA, siga apostando por medios concretos para hacer posible un presente y futuro digno para todos.»

Desde el corazón de Roma, dando refugio y esperanza

Desde el corazón de Roma, dando refugio y esperanza

La Hna. Francisca Florentín, nos cuenta su experiencia misionera en Roma, en las siguientes líneas:

«Hace casi 4 años que integro la comunidad del generalato en Roma. La misión que me han encomendado aquí en la Casa Generalizia es el servicio en la Oficina de la Secretaria español.

El servicio que ofrecemos cada una de las hermanas desde nuestras oficinas es un servicio a toda la Congregación, lo cual nos permite estar en comunión con las provincias, regiones, hermanas y situaciones vividas en la misión. Es una oportunidad para ampliar nuestra visión acerca de la realidad general de la congregación y poder crecer en el sentido de pertenencia y en el trabajo en equipo, lo cual considero una experiencia muy enriquecedora.

Nuestra comunidad también es un lugar que acoge y ofrece hospitalidad a todos, ya sea Hermanas SSpS, Hermanos SVDs y Laicos/as de diversas partes del mundo. Somos una comunidad intercultural, provenientes de 11 nacionalidades. En total 31 miembros, incluyendo la comunidad del Noviciado Europeo de habla Inglés.

Como comunidad hemos decidido abrir las puertas de nuestra casa para acoger a los refugiados en un trabajo conjunto con la comunidad de San Egidio. Es así que el día 29 de febrero de 2016, Rasha llegó a nuestra casa con sus tres hijos. Ella ha emigrado de Palestina a Siria, donde vivían en Yarmouk, el campamento Palestino más grande en Siria y, estando allí durante la guerra, Rasha fue afectada por la explosión de una bomba dañando la vista y dejándola casi ciega. Un tiempo después ella pudo huir con los niños, llegando al sur de Líbano, otro campo palestino y desde Líbano a Italia. En octubre de 2016  hemos recibido la segunda familia Siriana (una madre con dos hijos). Ambas familias han llegado a Italia a través del «corredor humanitario». Con la presencia de estas familias en nuestra casa, mi rutina diaria ha cambiado, ya que soy la persona de contacto con estas dos familias. Este pequeño servicio lo hago de corazón y con mucha alegría. Es una gracia y a la vez un desafío poder caminar más de cerca con ellos compartiendo sus luchas y esperanzas del  día a día. 

Durante todo este tiempo pude percibir que lo fundamental en este proceso de cambio que viven los refugiados es el sentirse acogidos, y no ser vistos como una carga. Sentir que no están solos y que no todo está perdido. No basta sólo ofrecerles un lugar donde dormir y comer, sino sobre que puedan encontrar amor y compasión en la comunidad que los acoge. Acompañarlos en el proceso de sanar sus heridas, y así puedan poco a poco reconstruir sus vidas.

De corazón agradezco a estas familias que me han permitido compartir sus historias, sus dolores y sus esperanzas. Ellos son parte de nuestra comunidad. Cada hermana de la comunidad comparte con ellos de acuerdo a sus posibilidades. Hoy los vemos sonreír, con más esperanzas y ganas de seguir luchando.

Toda esta experiencia que vamos viviendo como comunidad me recuerda las palabras de S. José Freinademetz: «El amor es el único idioma que todos entienden».

Por todas estas experiencias digo siempre: ¡Gracias Señor, por formar parte de esta gran familia misionera de las SSpS!»